Detrás de cada periodista hay una familia: CINCO llama a valorar su labor y acompañarlos en momentos difíciles.

Fotografía por: La Silla Vacia

El sismo registrado en Colombia el pasado 10 de agosto dejó a su paso una profunda afectación en diferentes regiones del país y, especialmente, en comunidades que hoy enfrentan la pérdida de familiares, la destrucción de sus viviendas y la incertidumbre frente a lo que vendrá después de la emergencia. Entre las historias que ha dejado esta tragedia también se encuentran las de periodistas y comunicadores que, mientras cumplían con su labor de informar y acompañar a la ciudadanía, tuvieron que enfrentar el impacto del terremoto directamente en sus propias familias.

La Comunidad Internacional de Comunicaciones – CINCO expresa su solidaridad con todos los periodistas, comunicadores, trabajadores de medios de comunicación y sus familias que han resultado afectados por el sismo, y hace un llamado a no olvidar que detrás de quienes están frente a una cámara, un micrófono, una grabadora o una libreta también existen familias, hogares y seres queridos que pueden convertirse en víctimas de una emergencia.

Uno de los casos que ha generado mayor conmoción es el del periodista Carlos Andrés Aponte, quien se trasladó hasta Cali luego de conocer que sus familiares se encontraban en una de las edificaciones afectadas por el movimiento sísmico. Aponte vivió durante horas la incertidumbre de esperar noticias sobre sus familiares mientras se desarrollaban las labores de rescate. Posteriormente se confirmó el fallecimiento de su padre, Carlos Arturo Aponte, y de su sobrina, de 11 años, mientras continuaban las labores de búsqueda de su madre. En medio de esta situación, el periodista compartió un mensaje que trascendió su propia experiencia y que hoy puede convertirse en una reflexión para todos: no guardar para después las palabras de cariño, los abrazos, los agradecimientos y todo aquello que muchas veces damos por sentado porque creemos que tendremos otra oportunidad para decirlo.

Pero el caso de Aponte no es el único.

El periodista José Fernando Patiño también tuvo que trasladarse hasta Cali después de conocer que su padre, Darío Patiño Rivera, había quedado atrapado tras el colapso de una estructura ocasionado por el terremoto. Durante las horas posteriores al sismo, mientras diferentes equipos adelantaban labores de búsqueda y rescate, Patiño permaneció pendiente de la suerte de su familiar. Posteriormente se confirmó el fallecimiento de su padre.

Dos historias distintitas, unidas por una misma tragedia, periodistas que, en medio de una emergencia nacional, dejaron por un momento el papel de quienes cuentan las historias para convertirse en protagonistas de una tragedia que también tocó a sus familias. Estos casos permiten recordar una realidad que pocas veces se hace visible durante la cobertura de una emergencia. Los periodistas son, antes que profesionales de la comunicación, personas. También tienen padres, madres, hijos, hermanos, parejas y amigos. También tienen viviendas que pueden resultar afectadas, familiares que pueden necesitar ayuda y seres queridos por los que sienten miedo cuando ocurre una tragedia.

Durante una emergencia, la sociedad necesita información oportuna, verificada y responsable. Los periodistas cumplen entonces una función fundamental: llegan a los lugares afectados, buscan testimonios, verifican información, acompañan a las comunidades y permiten que quienes están lejos conozcan la magnitud de lo que está sucediendo. Sin embargo, cuando la emergencia alcanza directamente a sus familias, el ejercicio de esa labor adquiere una dimensión completamente diferente. El periodista puede estar transmitiendo desde una zona afectada mientras desconoce qué ocurrió con sus propios familiares, puede estar entrevistando a una persona que perdió su vivienda mientras la suya también se encuentra en riesgo, puede estar contando la historia de una familia damnificada mientras espera noticias de la propia.

Por eso, para CINCO, hablar de lo que el sismo significó para algunos integrandes del gremio periodístico no significa poner a los periodistas por encima de las demás víctimas de la emergencia. Significa reconocer que ellos también hacen parte de las comunidades afectadas y que, en algunos casos, han tenido que enfrentar pérdidas personales mientras continuaban cumpliendo con su responsabilidad de informar. La solidaridad con quienes ejercen el periodismo no debe limitarse al momento de la cobertura. Las consecuencias de una emergencia como esta pueden extenderse durante semanas, meses e incluso años. La pérdida de un familiar, de una vivienda, de herramientas de trabajo o de la estabilidad económica no termina cuando dejan de aparecer las imágenes de los edificios afectados en los medios de comunicación.

Por esta razón, CINCO considera fundamental que las organizaciones de medios, entidades públicas, gremios, colegas y sociedad civil mantengan la atención sobre los periodistas y comunicadores que han resultado damnificados por el sismo y sobre sus familias. También es necesario reconocer la labor de quienes, pese a encontrarse afectados directamente, han continuado aportando desde la comunicación para mantener informada a la ciudadanía y acompañar a las comunidades que atraviesan este difícil momento.

La emergencia del 10 de agosto ha dejado pérdidas que no pueden medirse únicamente en cifras. Detrás de cada vivienda destruida hay una historia; detrás de cada persona desaparecida hay una familia que espera; detrás de cada víctima hay seres queridos que deberán aprender a continuar. Y entre esas historias también están las de quienes tienen como oficio contar las historias de los demás. Desde la Comunidad Internacional de Comunicaciones – CINCO reiteramos nuestra solidaridad con Carlos Aponte, José Fernando Patiño, sus familias y todos aquellos periodistas y comunicadores afectados por el sismo del 10 de agosto.

Asimismo, hacemos un llamado para que el gremio periodístico permanezca unido y atento a las necesidades de sus integrantes, especialmente de aquellos que hoy atraviesan momentos de pérdida, incertidumbre o dificultades económicas como consecuencia de esta emergencia. Que el paso de los días no haga olvidar a quienes hoy necesitan apoyo.

Que las cámaras y los micrófonos no sean los únicos instrumentos para contar lo ocurrido.

Que también se escuchen las voces de quienes, mientras informaban sobre la tragedia, tuvieron que vivirla en primera persona.

Fuente por: Revista Semana y El Colombiano